Actividades que organiza la comunidad —una hora del cuento en un albergue, juegos en un parque, dibujo en un salón comunal— para que los niños tengan dónde ser niños mientras los adultos hacen filas, llamadas y trámites.
«Deje que jueguen y dibujen lo que pasó. Así es como procesan: no hay que interrumpirlo ni corregirlo.»
— Niños y adultos mayores, de la guía
Después de un desastre el juego no es una distracción ni un premio: es el trabajo que hace un niño para digerir lo que le pasó. Una hora de juego en el patio de un albergue vale lo mismo que una charla, y llega a niños a los que ninguna charla les va a llegar. Si quiere entender qué esperar de un niño estas semanas, empiece por ese artículo.
Y no es porque no haga falta. En los albergues de Pereira hay niños desde el 10 de agosto, y en todo el directorio no hay una sola actividad para ellos: lo que sí hay es ropa de niño, pañales y juguetes para donar. Falta quien los reúna a jugar.
Organizar la primera es más fácil de lo que suena. No hay que ser psicólogo, ni conseguir materiales, ni pedirle permiso a nadie: hacen falta un sitio público, una hora y un adulto que responda. Acá abajo hay tres ideas que no necesitan nada más que eso.
Publicar la primera actividadNinguna de estas pide materiales, plata ni formación. Se hacen con lo que hay en el patio de un albergue una tarde cualquiera.
Siéntense en círculo y cuente algo. Sirve un cuento conocido, uno inventado o el de su propia infancia. Los niños chiquitos se quedan por la voz, no por la trama. Media hora alcanza, y funciona desde los tres años.
Repartan hojas y lápices y déjelos dibujar lo que quieran, incluido el temblor. No hay que corregir el dibujo ni pedirles algo más bonito: así es como procesan. Si un niño quiere contar su dibujo, escúchelo; si no quiere, tampoco pasa nada.
Tingo tango, el rey manda, la lleva, agachadita. Cero materiales, sirven con cinco niños o con cuarenta y de una vez gastan la energía de un día entero encerrados. En el patio de un albergue es de lo más útil que se puede hacer una tarde.
Acá se publica dónde y a qué hora se reúnen niños, así que estas cinco reglas no son trámite. Léalas antes de escribir.
Decirlo evita que alguien llegue buscando algo que acá no está, o que deje a un niño donde no debe.