Después de un terremoto aparecen dos clases de personas: las que saben lo que hacen y las que quieren ayudar. Esta guía es para que las segundas no terminen ocupando el tiempo de las primeras.
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Es el censo del que salen los subsidios de arriendo y los kits. Es gratis y nadie puede cobrarle por inscribirlo.
Leer →Es la regla que más cuesta aceptar y la que más vidas ha costado romper. No es burocracia ni desconfianza: es física.
Leer →La palabra «topos» viene de la Brigada de Rescate Topos Tlatelolco, nacida entre voluntarios del terremoto de México de 1985. Lo que casi nadie cuenta es en qué se convir
Leer →Tres grupos de WhatsApp: acopio, transporte, escombros y obra. No hay grupo de rescate. La Gestión del Riesgo pidió gente entrenada y lejos de los colapsos.
Leer →Si va a estar en zona afectada —aunque sea repartiendo agua— esto es lo mínimo.
Leer →Después de un sismo fuerte siguen temblores más pequeños durante días o semanas. Son más débiles, pero caen sobre estructuras que ya quedaron heridas.
Leer →Lo primero, y es lo que casi nadie le dice a la gente: lo que está sintiendo es una reacción normal a algo que no fue normal. No está exagerando, no se está volviendo loc
Leer →No hace falta ser psicólogo para acompañar a alguien que la está pasando mal. Hace falta saber tres cosas: qué se hace, qué se dice y qué es mejor callarse.
Leer →Los dos extremos de edad reaccionan distinto y se los suele atender último.
Leer →Una donación mal pensada consume tiempo de gente que no lo tiene: hay que recibirla, clasificarla, almacenarla y, muchas veces, botarla.
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