Acompañar
Primeros auxilios psicológicos: qué decir y qué no
No hace falta ser psicólogo para acompañar a alguien que la está pasando mal. Hace falta saber tres cosas: qué se hace, qué se dice y qué es mejor callarse.
Lo que sí ayuda
- Resuelva primero lo concreto. Agua, un lugar donde sentarse, una cobija, un teléfono para avisarle a la familia. La necesidad básica va antes que cualquier conversación: nadie procesa nada con sed y frío.
- Pregunte antes de tocar y antes de opinar. «¿Quiere que me quede?» «¿Le sirve que le ayude con eso?» Devolverle a alguien la capacidad de decidir es parte del cuidado.
- Escuche sin apurar. Estar al lado en silencio ya es acompañar. No hay que llenar las pausas.
- Diga la verdad, aunque sea incómoda. Si no sabe algo, dígalo: «no sé, pero voy a averiguar». Una mentira piadosa que se descubre destruye la confianza justo cuando más se necesita.
- Frases que sirven: «Estoy con usted.» «Lo que siente tiene sentido después de lo que pasó.» «No tiene que estar bien ahora.» «¿Qué necesita en este momento?»
Lo que no ayuda, aunque se diga con buena intención
- «Todo pasa por algo.» «Dios sabe lo que hace.» «Peor sería…» Minimizan lo que la persona está viviendo y la dejan más sola.
- «Tiene que ser fuerte.» Convierte el dolor en una falla de carácter y hace que la persona lo esconda.
- «Al menos están vivos.» Cierto y cruel: una pérdida no se compensa con otra que no ocurrió.
- Contar su propia historia antes de escuchar la de la otra persona.
- Obligar a hablar o pedir que relate el momento con detalle. Repasar los detalles del horror sin preparación puede hacer daño, no alivio.
- Prometer lo que no puede cumplir. «Mañana le consigo casa.» Una promesa rota pesa más que un «no puedo».
Si acompaña, también se desgasta. Escuchar historias duras todo el día deja marca —se llama desgaste por empatía— y le pasa a voluntarios, rescatistas y personal de salud. Turnos, descanso y hablar con alguien también van para usted.
