Ansiedad y miedo después del terremoto
Lo primero, y es lo que casi nadie le dice a la gente: lo que está sintiendo es una reacción normal a algo que no fue normal. No está exagerando, no se está volviendo loco y no es débil.
Lo que le puede estar pasando
Después de un sismo, el cuerpo queda en alerta. Eso produce cosas que asustan si uno no sabe qué son:
- Sentir que tiembla cuando no está temblando. Es tan común que tiene nombre popular —«temblor fantasma»— y aparece porque el sistema de equilibrio quedó hipersensible. No es una réplica y no es un daño en el oído.
- Sobresaltarse con un camión, una puerta o un ruido seco. El cerebro aprendió que un ruido puede significar peligro y ahora dispara la alarma de más.
- No poder dormir, o despertarse de golpe. Dormir es bajar la guardia, y el cuerpo todavía no cree que se pueda.
- Revisar la salida, dormir vestido, no querer entrar a un edificio. Es prudencia llevada al límite por el susto.
- Llanto que llega sin aviso, irritabilidad, o al revés: sentirse apagado y lejos de todo. Los dos extremos son reacciones al mismo golpe.
- Dolor de cabeza, de estómago, presión en el pecho. El miedo sostenido también se siente en el cuerpo.
La mayoría de estas reacciones bajan solas en las primeras semanas a medida que el entorno se estabiliza. Que estén ahí no significa que vayan a quedarse.
Qué hacer cuando la ansiedad sube ahora mismo
Cuando el corazón se acelera y parece que falta el aire, el cuerpo está en alarma. Estas cosas la bajan porque le mandan la señal contraria:
- Respire soltando el aire más lento de lo que lo toma. Inhale contando hasta cuatro, exhale contando hasta seis u ocho. Alargar la exhalación es lo que activa el freno del cuerpo; inhalar hondo y rápido, al contrario, lo acelera.
- Anclarse en lo que hay alrededor. Nombre cinco cosas que ve, cuatro que puede tocar, tres que oye, dos que huele, una que saborea. Suena raro y funciona: obliga a la atención a volver al presente, donde no está pasando nada malo.
- Frío en la cara o en las manos. Agua fría en la cara o un objeto frío en las muñecas baja la frecuencia cardíaca en menos de un minuto.
- Mueva el cuerpo. Caminar, cargar algo, estirarse. La alarma prepara al cuerpo para moverse; si el movimiento no llega, se queda dando vueltas.
- Ponga los pies en el piso y nombre dónde está. «Estoy en el parque, es de día, no está temblando.» En voz alta si puede.
Qué ayuda en los días siguientes
- Horarios, aunque sean mínimos. Comer y dormir a la misma hora le devuelve al cuerpo la señal de que el mundo tiene orden otra vez.
- Racione las noticias. Ver el mismo derrumbe veinte veces no informa: reactiva. Revise una o dos veces al día, en un canal confiable, y apague.
- Hable de lo que pasó con quien le tenga paciencia. Contarlo lo va convirtiendo en un recuerdo, que es distinto de una alarma encendida.
- Haga algo útil, aunque sea pequeño. Ayudar a otro devuelve la sensación de tener algo bajo control, que es justo lo que un terremoto se lleva.
- Cuidado con el alcohol para dormir. Adormece al principio y fragmenta el sueño después; a los pocos días se duerme peor que sin él.
- Tenga un plan por escrito para la próxima réplica: por dónde salir, dónde encontrarse, a quién llamar. Saber qué hacer baja el miedo más que cualquier consejo.
Cuándo buscar ayuda ya, sin esperar. Si aparecen pensamientos de hacerse daño o de que no vale la pena seguir; si no puede comer, dormir ni levantarse durante varios días seguidos; si el miedo le impide salir o trabajar más de dos semanas; si hay confusión, no reconoce dónde está, o consume alcohol o drogas para aguantar el día. Llame al 123 si hay riesgo inmediato, o escriba a alguien de la sección Apoyo psicológico de este directorio.
